jueves, 30 de julio de 2015

Cincuenta y siete

Los aeropuertos deberían tener otro nombre, tal vez "salida de emergencia". Al entrar los relojes de cualquier dispositivo estarían inactivos. De nada sirve el tiempo en esos lugares, la espera siempre se alarga hasta el hartazgo, el vuelo igual. Se unen a otras salidas del mundo, puentes invisibles, portales metafísicos. Las personas se ignoran unos a otros porque nadie quiere saber que lo están viendo. Hablan otros con voz de mando, hablan de sus negocios, de los pendientes que hay y no importa que hora sea. Por cada vuelo es requisito tener entre los pasajeros a un pendejo, a un gordo, a una insolente, a todos. Ya no se permiten las salidas a aviones ocupados únicamente por científicos ni por ninguna clase.

No hay comentarios: