lunes, 21 de mayo de 2012

Cuarenta y seis

Tenía unas ganas tremendas de conseguirse unos tantos noviecitos, de visitarlos de vez en cuando y no darles mayores esperanza explicándoles que tenía un esposo. No tenía sentido y ella lo sabía. Tenía a uno, al podría usar para dar con todas las mujeres de su difunto. Tenía ganas de matarlas, o de enviarles invitaciones a cada una para el funeral falso, pero sabía que era ridículo, estaban regadas en las ciudades que visitaba su esposo. Dos días después llegaría ese ex novio enamorado de ella todavía para ver que podía hacer.

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