miércoles, 4 de enero de 2012

Cuarenta y uno

Ella creía que su esposo era un débil. Hace recuentos de las veces que se lo dijo y también de las veces que lo creyó, de las veces que estaba segura que era un pendejo, bueno para nada, todo después de años de casados. Y él tan encerrado, sin decir nada, ni siquiera se pasaba por la computadora para otra cosa que no fuera trabajar. Salía de la ciudad y del país cada mes, sin descanso, el bueno para nada, eso creía ella. Investigaciones caseras hasta arruinarse el caso con un suicidio visto en vivo.

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