miércoles, 25 de mayo de 2011

Treinta y uno

Los papás de Rodolfo iban dirección a la playa, sentían que ese primer lugar de encuentro haría algo bueno en su relación. Sin contar los lujos que ahora podían pagar, la barra libre 24h y el servicio a la habitación. Ayudó a su relación, volver al primer lugar de encuentro, para darse cuenta que al acostarse con el otro también se acostaban con los amantes de los dos, a cada dedo que movían. No tenían problemas, olvidaban algunas noches si el que estaba a lado era el esposo o esposa u otro amante más.

martes, 24 de mayo de 2011

Treinta

Rodolfo estaba tan enojado que no se lo podía decir a Marcela. Le hubieran dado ganas de no volver a saber de ella y se lo hubiera dicho y ella, como siempre, se hubiera ido. Algo dentro de él lo deseaba, gritarle desde su cama vía celular que se fuera al carajo. Y sí llamo, pero en el primer intento no contestó la llamada ella, quien devolvió la llamada en varias ocasiones sin que él quisiera contestas. Sirvió otro whisky, lo tomó de un solo sorbo para mejor dormir.

domingo, 22 de mayo de 2011

Veintinueve

Otilia daba un sonoro portazo, a su propio carro. Dejaba adentro a Rodolfo. Lo veía desde afuera, enojada, sin saber que mucho más enojado estaba él, tanto que ni siquiera se había dado cuenta que ella estaba afuera. Ella sentía que era obligación de Rodolfo pedirle disculpas, que debía casi suplicar que lo perdonará y él sólo pensaba en quemarla, en destruir el carro con el bastón para el volante y luego no volver a verla nunca. Los dos deseaban deshacerse del otro, si era posible mandarlo a otra ciudad porque tenían sus planes a corto plazo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Veintiocho

Otilia veía su carro azul, su matiz y deseaba que no lo tuviera que utilizar nunca, aunque era muy feliz al volante, si se hubiera encontrado al genio de la botella le pediría no necesitar más el carro, encontrar alguna otra forma o modo. Lo odiaba, pero al mismo tiempo se sentía agradecida, ni ella misma podía explicar ese sentimiento de odio y amor, estaba acorralada por ella misma y por todo lo que había significado su proceso a lado del Pontiac Matiz Azul.

Veintisiete

Vera recordó uno de los momentos en los que pensó más seriamente matarse. Tenía que ver con Rodolfo. Las cosas iban bien, ella estaba tranquila, estable, ella creía que él también. Rodolfo no fue al funeral de los padres de Vera, aunque ella misma le había pedido y casi prohibido el ir, porque ella no pensaba ir. Sin embargo, al final terminaba por ir, por preguntarle a Rodolfo porque no estaba ahí y días después se lanzaba contra él con deseos de golpearlo, de matarlo si era posible. Él igualmente se enojaba, seguramente más que Vera, pensaba que él hubiera estado ahí sin pensarlo dos veces, pero ella era la que prohibía la entrada y finalmente le hablaba desde el mismo funeral para reclamarle.

Veintiséis

Y Rodolfo recordando todo. Después del anuncio del embarazo de Marcela se acordaba porque la había dejado la primera vez, buscaba en sus diarios algo que le diera razón en haber pensando abandonar el país. Y para él, cada página, en cada renglón, había tantas razones que el sentirse culpable en algún momento ahora le parecía ridículo, tonto y casi patético. ¿Para que vivir el embarazo de Marcela, por guapa que fuera, aunque la amara, si sabía que pronto la volvería a abandonar? Mejor así, seguro que a ella tampoco le importaba tanto.

martes, 3 de mayo de 2011

veinticinco

Rodolfo estaba seguro, Vera deseaba ser una ballena, largarse a mar abierto y no saber nada más de nadie. Muchas veces, cuando se encontraban, él estaba seguro de que a Vera se le olvidaba que las personas no eran ballenas. Que olvidaba todo lo que decía su teoría, o que simplemente ella misma era el ejemplo de que su teoría era cierta.