lunes, 28 de febrero de 2011

Veintidós

Vera oprimió play en la contestadora. Escuchaba el sonido de la calle por la que iba antes de ver a Rodolfo hacia dos días.  Lo escuchaba por segunda vez y reconocía lejos a un hombre y una mujer que hablaban. Más bien peleaban. Lo que entendía no tenía mucho sentido. Era una lástima no haberse dado cuenta de eso en el momento, hubiera colgado y escuchado todo de primera mano.

lunes, 21 de febrero de 2011

Veintiuno

Rodolfo encontró una caja de zapatos en el departamento. Al abrirla vió que estaba llena de piedras. Tenía a Vera a un lado. Le explicó que eran  talimanes que había ido juntando, piedras del pasado. No las tiraba porque le gustaba descubrirlas de vez en cuando, medir si algo había cambiado, si de pronto no importaba lo que hiciera sino que dependiera de las piedras.

sábado, 19 de febrero de 2011

Veinte

Cuando tenían veinte años, Vera y Rodolfo, pensaban tanto en los treintas que siempre pensaron que serían maravillosos. Al cumplir Vera veinticuatro había llorado casi durante una hora al darse cuenta que los veintitrés años había sido su año más feliz. Volvería a llorar al cumplir los veinticinco y continuar segura que jamás sería tan feliz como cuando tenía veintitrés. Rodolfo creía que nunca había sido tan feliz como para desear volver a tener otra edad, deseaba que llegaran pronto los treinta.

jueves, 17 de febrero de 2011

Diecinueve

Vera observaba su pared, llena de recortes sobre mujeres que se habían suicidado. Según ella era complicado encontrarlos. Lo hombres son más maricas. Los hombres se ahorcan o se disparan. Las mujeres se cortan, toman veneno, se inyectan, son mucho más viscerales. Contaba los distintos modos en los que podría hacerlo ella, sumaban diecinueve. Quería tener por lo menos cien opciones y además que le gustaran.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Diecisiete

Llegó al café sabiendo que sería una tarde tormentosa. Que llegaría otra vez Vera enojada y reclamando sobre las acciones que Rodolfo había hecho sólo por ella. Sabía que se había equivocado para ese momento, pero para ella era importante completar su círculo: llegar enojada, reirse de las explicaciones de Rodolfo, hacer notar las contradicciones, mencionar que ella no había pedido nada cómo eso. Además, tenía siempre tan memorizado cada hecho que el variar un poco alguna acción a Rodolfo le costaba muy caro. Él quería entregarle el diario que llevaba, pero dudaba sobre el resultado que obtendría.

sábado, 12 de febrero de 2011

Dieciséis

La noche de ese sábado, sola Vera en su casa, solo Rodolfo viendo la televisión, sola Marcela en un baño de tina, sola Otilia deseando irse de la ciudad en su automóvil compacto, todos preguntándose porque si había alguien en su vida seguían solos por las noches y las noches se multiplicaban y cada día sabían que vendría una noche más...

viernes, 11 de febrero de 2011

Quince

Intento que nada me afecte, pero para la noche olvido que era lo que más me podría afectar. Guardo celosamente una libreta donde lo apunto todo: el ascenso de mi ex compañero de trabajo, la muerte de mis abuelos, el feliz embarazo de una ex novia, las llamadas insistentes del nuevo amigo de mi novia a su celular, el retraso de la quincena, el premio de mi hermano.

jueves, 10 de febrero de 2011

Catorce

Marcela decidía borrar los mensajes de él. Sabía que Rodolfo no se inclinaba a decir si le caía bien o mal y los comentarios no le dejaban entender si a él le parecería una cosa u otra.

Trece

Rodolfo despertó para darse cuenta que Vera estaba a su lado. Le daban ganas de irse y dejarla ahí, pero era muy temprano para salir de casa. Le había pedido que no se quedara. Amanecer con la cara de ella como inicio de día, recordando que regada por el piso está la ropa de ambos no lo soportaba. Sabía que eso alejaría a Vera de la metáfora de las ballenas y le asustaba pensar en Otilia y Marcela que ni siquiera conocían el departamento.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Doce

Vera estaba acostada en la cama, semi desnuda. Sentía la libertad. Tenía puesto un panty de microtul transparente. Boca arriba únicamente viendo el techo y pensando en qué es lo que estaría haciendo Rodolfo, con qué mujer estaría en ese momento. Se acordaba que tenía más de una semana sin responder las llamadas de Carlos, por puro capricho de mantenerlo a raya y que por fin un día se apareciera por la ciudad. No lograba conseguir otro hombre, eran celosos sin remedio. Pensaba en esa explicación Catherine Millet sobre los celos femeninos, una homosexualidad latente de estar con otro mujer, imaginándose a Rodolfo con otra.

lunes, 7 de febrero de 2011

Once

Como el tocayo Paez, Rodolfo quería decirle a Vera: Y dale alegría, alegría, a mi corazón, es lo único que pido al menos hoy... Pero era tarde, ella estaba fría, casi calculadora. Rodolfo nunca entendió como era posible que nunca se le olvidara nada a ella cuando se trataba de algún conflicto, por mínimo que fuera el conflicto o el detalle.

viernes, 4 de febrero de 2011

Díez

Rodolfo se decía, "Daniel no existe". Pero entre más lo decía más se acordaba, los días que creía que ya se había deshecho de él, otra vez, ahí estaba, en el momento más inesperado ahí. Ojalá hubieran sido celos y ya, pero él sabía que Marcela se quería ir con él, que lo prefería sobre Rodolfo por más que él deseaba convencerse de lo contrario.