domingo, 4 de diciembre de 2011

Treinta y nueve

Ella que odiaba tanto la computadora. No la creía necesitar en lo absoluto. Daba algunas clases, vivía cada uno de los días recriminando al mundo no poder tener hijos, y secretamente a su marido por negarse a adoptar una niña. No informó a la policía del suicidio ni reportó a su esposo como desaparecido. Le avisó a su madre que hacía unos días no se reportaba Joaquín y así le dejó a la madre la responsabilidad de indicarle cuándo debía de ir a la policía.