miércoles, 9 de noviembre de 2011

Treinta y siete

Con los ojos desorbitados caminó hasta el baño. Sin darse cuenta atravesó el pasillo, tiró un par de cuadros al buscar el equilibrio chocando contra las paredes. En el baño se recargó sobre el mueble del lavamanos. Todavía no se podía recuperar. Haciendo esfuerzos terribles se desnudó mientras se sostenía con una sola mano. Se mojó un poco la cara, humedeció su pecho y los pezones se levantaron. Cuidadosamente se vio en el espejo y no se reconoció. No sabía cómo se había quedado sola, como hacía unos momentos se reía frente a la computadora en el momento que su marido, quién sabe donde, con la cámara web encendida, se había metido un balazo en la cabeza.