miércoles, 31 de agosto de 2011

Treinta y seis

La noche del día lunes en mi casa todo pasaba como siempre: mi madre en su cuarto frente a la televisión, mi hermano igual, mi padre en la sala de tele y yo en mi cuarto. Escuché que mi padre roncaba de una forma anormal, dejó caer el control de televisión y recorrió el sillón. Pasaron unos segundos y mi hermano me gritó. Corrí hacía ellos. El cuerpo de mi padre temblaba, estaba rígido. Sus ojos veían el techo, su boca estaba cerrada a toda fuerza. Mi madre corrió hacía nosotros. Mi hermano fue a llamar a una ambulancia. Puse a mi padre en el suelo con ayuda de mi madre. Comencé a presionar en repetidas ocasiones el pecho de mi padre. Aflojamos cinturón. Nos dijeron que pusiéramos de lado a mi padre, así lo hice. Sentí como soltaba líquidos y no deje de presionar el pecho y sostener la cabeza del cuerpo de mi padre diciéndole que reaccionara una vez tras otra. Percibía algunas reacciones del cuerpo de mi padre y así se lo hacía saber a mi madre que estaba a mi lado desesperad. Mi hermano bajó a abrir puerta esperando la ambulancia. Llegaron los paramédicos sólo para decir que no tenía signos vitales. 

ACH (1946-2011) QEPD

2 comentarios:

pav.valdes dijo...

lo siento mucho Alfredo; tu papá era muy genialísimo, siempre que lo veía me hacía sonreir con alguna cosa u otra

Anónimo dijo...

Sabes que eres el hermano que Morelia me regaló. Tu dolor es el mío y aún de lejos, yo camino a tu lado.
Aída