jueves 23 de junio de 2011

Treinta y dos

Revisaba sus libros. Quería deshacerse de varios. Pensaba en venderlos, pero como los carros, le darían cualquier cosa y él sentía que los había comprado apenas unas horas antes. Casi todos tenían su nombre. Dos de ellos los compró porque su protagonista se llamaba Rodolfo. Otro porque había una Vera. Nada que ver con la que conocía. No se daba cuenta del tiempo mientras los revisaba. Buscaba algo, como se dice, no sabía qué, como terminan diciendo. Encontraba poco. Las fotos de los autores le parecían casi desagradables, no los imaginaba escribiendo además.