domingo, 22 de mayo de 2011

Veintinueve

Otilia daba un sonoro portazo, a su propio carro. Dejaba adentro a Rodolfo. Lo veía desde afuera, enojada, sin saber que mucho más enojado estaba él, tanto que ni siquiera se había dado cuenta que ella estaba afuera. Ella sentía que era obligación de Rodolfo pedirle disculpas, que debía casi suplicar que lo perdonará y él sólo pensaba en quemarla, en destruir el carro con el bastón para el volante y luego no volver a verla nunca. Los dos deseaban deshacerse del otro, si era posible mandarlo a otra ciudad porque tenían sus planes a corto plazo.