martes, 24 de mayo de 2011

Treinta

Rodolfo estaba tan enojado que no se lo podía decir a Marcela. Le hubieran dado ganas de no volver a saber de ella y se lo hubiera dicho y ella, como siempre, se hubiera ido. Algo dentro de él lo deseaba, gritarle desde su cama vía celular que se fuera al carajo. Y sí llamo, pero en el primer intento no contestó la llamada ella, quien devolvió la llamada en varias ocasiones sin que él quisiera contestas. Sirvió otro whisky, lo tomó de un solo sorbo para mejor dormir.