Caminando
lunes, 21 de mayo de 2012
Cuarenta y seis
Tenía unas ganas tremendas de conseguirse unos tantos noviecitos, de visitarlos de vez en cuando y no darles mayores esperanza explicándoles que tenía un esposo. No tenía sentido y ella lo sabía. Tenía a uno, al podría usar para dar con todas las mujeres de su difunto. Tenía ganas de matarlas, o de enviarles invitaciones a cada una para el funeral falso, pero sabía que era ridículo, estaban regadas en las ciudades que visitaba su esposo. Dos días después llegaría ese ex novio enamorado de ella todavía para ver que podía hacer.
Cuarenta y cinco
La mujer le escribió a ese ex novio, a ese hombre de ciudad lejana que tenía. Ella no estaba enamorada de él, pero él de ella sí. Ella lo sabía, pero esa relación a ella no le causaba conflicto, le parecía casi inocente. Para la mujer que había visto a su esposo suicidarse por sesión de chat ese lejano puerto seguro no lo era, aunque sabía que algo había de mal en ello que su esposo, por lo menos por ella, nunca se enteró más después de la última discusión sobre el asunto. Mejor el silencio, el bajo perfil: ojos que no ven...
lunes, 19 de marzo de 2012
Cuarenta y cuatro
Apagado el celular, muerto su esposo y con una lista de mujeres que deseaba matar, que quería fuera del mapa. Lo quería vivo, para saberlo sufriendo a su lado. No sabía que su esposo viaja por el mundo con propósitos más allá de su trabajo. No sabía que su esposo fuera tan infeliz con ella, que viviera tan oprimido, aunque tal vez no era nada de eso, tal vez si era feliz, pero de otra forma, de alguna forma que ella no podía ver, ni quería tener cerca.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Cuarenta y tres
Manejaba rápido. En un alto, frente a sus ojos, dos carros chocaron de frente. Pasaron minutos y nadie bajó de los carros. Esperaba que algo pasara, que alguien los auxiliara. Hasta que alguien golpeo su cristal se dió cuenta que todos le pitaban, que debía avanzar. Dos cuadras adelante se orilló. Se olvidó porque manejaba rápido. Se sentía muy triste y no quería llegar a casa, apagar el celular e ir para siempre.
jueves, 19 de enero de 2012
Cuarenta y dos
Él estaba hasta la chingada de ella. De sus lloriqueos, de sus pendejadas. A pesar de eso no había forma en que pudiera justificar su red de infidelidades. Estaba igual con todo, con aquello que le representaba y con todo aquello que no le importaba. Era como si el mundo el entero le dijera que no tenía nada qué hacer. Mejor matarse.
miércoles, 4 de enero de 2012
Cuarenta y uno
Ella creía que su esposo era un débil. Hace recuentos de las veces que se lo dijo y también de las veces que lo creyó, de las veces que estaba segura que era un pendejo, bueno para nada, todo después de años de casados. Y él tan encerrado, sin decir nada, ni siquiera se pasaba por la computadora para otra cosa que no fuera trabajar. Salía de la ciudad y del país cada mes, sin descanso, el bueno para nada, eso creía ella. Investigaciones caseras hasta arruinarse el caso con un suicidio visto en vivo.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Cuarenta
Rodolfo desenfundó la pistola. Ernesto apretó junto a su pecho el cuchillo. Ambos estaban hartos y querían muerto a Daniel, el que se había suicidado unos días antes sin que lo supieran. Mirna y Deborah soñaban que soñaban, despiertas y con los ojos abiertos.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Treinta y nueve
Ella que odiaba tanto la computadora. No la creía necesitar en lo absoluto. Daba algunas clases, vivía cada uno de los días recriminando al mundo no poder tener hijos, y secretamente a su marido por negarse a adoptar una niña. No informó a la policía del suicidio ni reportó a su esposo como desaparecido. Le avisó a su madre que hacía unos días no se reportaba Joaquín y así le dejó a la madre la responsabilidad de indicarle cuándo debía de ir a la policía.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Treinta y ocho
Había descubierto el engaño después de dar la contraseña, las noches despierta habían valido la pena. Sabía de cierto como se escribía él con otras dos mujeres. Tenía las fotografías guardadas como archivos ocultos. Le había enviado una muestra a su marido para que parara en su engaño, pero sólo cambió su contraseña de todas sus sesiones.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Treinta y siete
Con los ojos desorbitados caminó hasta el baño. Sin darse cuenta atravesó el pasillo, tiró un par de cuadros al buscar el equilibrio chocando contra las paredes. En el baño se recargó sobre el mueble del lavamanos. Todavía no se podía recuperar. Haciendo esfuerzos terribles se desnudó mientras se sostenía con una sola mano. Se mojó un poco la cara, humedeció su pecho y los pezones se levantaron. Cuidadosamente se vio en el espejo y no se reconoció. No sabía cómo se había quedado sola, como hacía unos momentos se reía frente a la computadora en el momento que su marido, quién sabe donde, con la cámara web encendida, se había metido un balazo en la cabeza.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Treinta y seis
La noche del día lunes en mi casa todo pasaba como siempre: mi madre en su cuarto frente a la televisión, mi hermano igual, mi padre en la sala de tele y yo en mi cuarto. Escuché que mi padre roncaba de una forma anormal, dejó caer el control de televisión y recorrió el sillón. Pasaron unos segundos y mi hermano me gritó. Corrí hacía ellos. El cuerpo de mi padre temblaba, estaba rígido. Sus ojos veían el techo, su boca estaba cerrada a toda fuerza. Mi madre corrió hacía nosotros. Mi hermano fue a llamar a una ambulancia. Puse a mi padre en el suelo con ayuda de mi madre. Comencé a presionar en repetidas ocasiones el pecho de mi padre. Aflojamos cinturón. Nos dijeron que pusiéramos de lado a mi padre, así lo hice. Sentí como soltaba líquidos y no deje de presionar el pecho y sostener la cabeza del cuerpo de mi padre diciéndole que reaccionara una vez tras otra. Percibía algunas reacciones del cuerpo de mi padre y así se lo hacía saber a mi madre que estaba a mi lado desesperad. Mi hermano bajó a abrir puerta esperando la ambulancia. Llegaron los paramédicos sólo para decir que no tenía signos vitales.
ACH (1946-2011) QEPD
miércoles, 13 de julio de 2011
Treinta y cinco
Cuando celebró su cumpleaños no pasó nada sorprendente. La mayoría de las personas ni se inmutaron. Físicamente no cambio, ni psicológicamente. Debía de recordar que cuando dijera su edad tenía que decir un número más. Ya casi se acercaba a la edad que representaba. El día anterior de había enterado de dos cosas que sí lo cambiaron. Dos mensajes en su celular lo hacían ver las cosas de otra forma, él no era el que controlaba. Había sido controlado, manipulado, engañado en sus propios terrenos, con sus propias reglas. Y aunque el asunto ya no representaba mucho, sí le resultaba incómodo, se sorprendía por su ingenuidad pero también por su poder para modificar algunas vidas. Por lo menos en un pasado que se antojaba más lejano.
No tenía rituales, aunque cada año buscaba hacerse de uno. No era un día mayor para él, pero para los demás sí. Pensaba en sus mujeres y en cómo dividirse en tres o cuatro.
domingo, 10 de julio de 2011
Treinta y cuatro
Marcela pensaba que tenía los senos perfectos, las mejores nalgas de la ciudad. Si se lo hubiera preguntado a Rodolfo sin pensarlo diría que sí. Pero también sabía que todo eso, además de saber que no era pendeja, le podrían dar algo mejor que Rodolfo. O algo igual que Rodolfo que sumado diera algo más. Si él era capaz de convencer a varias mujeres para estar al tiempo con él, ¿por qué ella no?
jueves, 23 de junio de 2011
Treinta y tres
No escribía por ganas, sino para resolver lo que pensaba. Anotaba: suicidio uno: Vera colgada de la ventana. Ventajas: si se rompe la cuerda o el nudo está mal hecho igual en la caída me mato. Desventajas: si se rompe la cuerda y me caigo y no me mato me voy a quedar pendeja o en coma y como en Kill Bill podrían violarme por cincuenta pesos. Notas importantes: aprender a hacer nudos y hacer una primer prueba colgando un maniquí o algo que pese lo mismo que yo.
Treinta y dos
Revisaba sus libros. Quería deshacerse de varios. Pensaba en venderlos, pero como los carros, le darían cualquier cosa y él sentía que los había comprado apenas unas horas antes. Casi todos tenían su nombre. Dos de ellos los compró porque su protagonista se llamaba Rodolfo. Otro porque había una Vera. Nada que ver con la que conocía. No se daba cuenta del tiempo mientras los revisaba. Buscaba algo, como se dice, no sabía qué, como terminan diciendo. Encontraba poco. Las fotos de los autores le parecían casi desagradables, no los imaginaba escribiendo además.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Treinta y uno
Los papás de Rodolfo iban dirección a la playa, sentían que ese primer lugar de encuentro haría algo bueno en su relación. Sin contar los lujos que ahora podían pagar, la barra libre 24h y el servicio a la habitación. Ayudó a su relación, volver al primer lugar de encuentro, para darse cuenta que al acostarse con el otro también se acostaban con los amantes de los dos, a cada dedo que movían. No tenían problemas, olvidaban algunas noches si el que estaba a lado era el esposo o esposa u otro amante más.
martes, 24 de mayo de 2011
Treinta
Rodolfo estaba tan enojado que no se lo podía decir a Marcela. Le hubieran dado ganas de no volver a saber de ella y se lo hubiera dicho y ella, como siempre, se hubiera ido. Algo dentro de él lo deseaba, gritarle desde su cama vía celular que se fuera al carajo. Y sí llamo, pero en el primer intento no contestó la llamada ella, quien devolvió la llamada en varias ocasiones sin que él quisiera contestas. Sirvió otro whisky, lo tomó de un solo sorbo para mejor dormir.
domingo, 22 de mayo de 2011
Veintinueve
Otilia daba un sonoro portazo, a su propio carro. Dejaba adentro a Rodolfo. Lo veía desde afuera, enojada, sin saber que mucho más enojado estaba él, tanto que ni siquiera se había dado cuenta que ella estaba afuera. Ella sentía que era obligación de Rodolfo pedirle disculpas, que debía casi suplicar que lo perdonará y él sólo pensaba en quemarla, en destruir el carro con el bastón para el volante y luego no volver a verla nunca. Los dos deseaban deshacerse del otro, si era posible mandarlo a otra ciudad porque tenían sus planes a corto plazo.
domingo, 15 de mayo de 2011
Veintiocho
Otilia veía su carro azul, su matiz y deseaba que no lo tuviera que utilizar nunca, aunque era muy feliz al volante, si se hubiera encontrado al genio de la botella le pediría no necesitar más el carro, encontrar alguna otra forma o modo. Lo odiaba, pero al mismo tiempo se sentía agradecida, ni ella misma podía explicar ese sentimiento de odio y amor, estaba acorralada por ella misma y por todo lo que había significado su proceso a lado del Pontiac Matiz Azul.
Veintisiete
Vera recordó uno de los momentos en los que pensó más seriamente matarse. Tenía que ver con Rodolfo. Las cosas iban bien, ella estaba tranquila, estable, ella creía que él también. Rodolfo no fue al funeral de los padres de Vera, aunque ella misma le había pedido y casi prohibido el ir, porque ella no pensaba ir. Sin embargo, al final terminaba por ir, por preguntarle a Rodolfo porque no estaba ahí y días después se lanzaba contra él con deseos de golpearlo, de matarlo si era posible. Él igualmente se enojaba, seguramente más que Vera, pensaba que él hubiera estado ahí sin pensarlo dos veces, pero ella era la que prohibía la entrada y finalmente le hablaba desde el mismo funeral para reclamarle.
Veintiséis
Y Rodolfo recordando todo. Después del anuncio del embarazo de Marcela se acordaba porque la había dejado la primera vez, buscaba en sus diarios algo que le diera razón en haber pensando abandonar el país. Y para él, cada página, en cada renglón, había tantas razones que el sentirse culpable en algún momento ahora le parecía ridículo, tonto y casi patético. ¿Para que vivir el embarazo de Marcela, por guapa que fuera, aunque la amara, si sabía que pronto la volvería a abandonar? Mejor así, seguro que a ella tampoco le importaba tanto.
martes, 3 de mayo de 2011
veinticinco
Rodolfo estaba seguro, Vera deseaba ser una ballena, largarse a mar abierto y no saber nada más de nadie. Muchas veces, cuando se encontraban, él estaba seguro de que a Vera se le olvidaba que las personas no eran ballenas. Que olvidaba todo lo que decía su teoría, o que simplemente ella misma era el ejemplo de que su teoría era cierta.
viernes, 15 de abril de 2011
Veinticuatro
Rodolfo estaba seguro que lo que deseaba Vera era ser una ballena, largarse a mar abierto y no saber nada más de nadie. Muchas veces, cuando se encontraban, él estaba seguro de que a Vera se le olvidaba que las personas no eran ballenas. Que olvidaba todo lo que decía su teoría, o que simplemente ella misma era el ejemplo de que su teoría era cierta.
sábado, 9 de abril de 2011
Veintitrés
Esa noche se odiaba, hablaba mal de ella con sí misma. Escribía notas de suicidio en donde pedía perdón a muchas personas y explicaba a cada una el por qué, luego las rompia y seguí llorando volvía a pensar en otras ciudades, se sentía estúpida al pensar que había escrito notas pidiendo disculpas, se recriminaba cada una. Lloraba y se reía sola después de esa imagen patética de ella misma llorando por pedir disculpas y recriminárselo.
lunes, 28 de febrero de 2011
Veintidós
Vera oprimió play en la contestadora. Escuchaba el sonido de la calle por la que iba antes de ver a Rodolfo hacia dos días. Lo escuchaba por segunda vez y reconocía lejos a un hombre y una mujer que hablaban. Más bien peleaban. Lo que entendía no tenía mucho sentido. Era una lástima no haberse dado cuenta de eso en el momento, hubiera colgado y escuchado todo de primera mano.
lunes, 21 de febrero de 2011
Veintiuno
Rodolfo encontró una caja de zapatos en el departamento. Al abrirla vió que estaba llena de piedras. Tenía a Vera a un lado. Le explicó que eran talimanes que había ido juntando, piedras del pasado. No las tiraba porque le gustaba descubrirlas de vez en cuando, medir si algo había cambiado, si de pronto no importaba lo que hiciera sino que dependiera de las piedras.
sábado, 19 de febrero de 2011
Veinte
Cuando tenían veinte años, Vera y Rodolfo, pensaban tanto en los treintas que siempre pensaron que serían maravillosos. Al cumplir Vera veinticuatro había llorado casi durante una hora al darse cuenta que los veintitrés años había sido su año más feliz. Volvería a llorar al cumplir los veinticinco y continuar segura que jamás sería tan feliz como cuando tenía veintitrés. Rodolfo creía que nunca había sido tan feliz como para desear volver a tener otra edad, deseaba que llegaran pronto los treinta.
jueves, 17 de febrero de 2011
Diecinueve
Vera observaba su pared, llena de recortes sobre mujeres que se habían suicidado. Según ella era complicado encontrarlos. Lo hombres son más maricas. Los hombres se ahorcan o se disparan. Las mujeres se cortan, toman veneno, se inyectan, son mucho más viscerales. Contaba los distintos modos en los que podría hacerlo ella, sumaban diecinueve. Quería tener por lo menos cien opciones y además que le gustaran.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Diecisiete
Llegó al café sabiendo que sería una tarde tormentosa. Que llegaría otra vez Vera enojada y reclamando sobre las acciones que Rodolfo había hecho sólo por ella. Sabía que se había equivocado para ese momento, pero para ella era importante completar su círculo: llegar enojada, reirse de las explicaciones de Rodolfo, hacer notar las contradicciones, mencionar que ella no había pedido nada cómo eso. Además, tenía siempre tan memorizado cada hecho que el variar un poco alguna acción a Rodolfo le costaba muy caro. Él quería entregarle el diario que llevaba, pero dudaba sobre el resultado que obtendría.
sábado, 12 de febrero de 2011
Dieciséis
La noche de ese sábado, sola Vera en su casa, solo Rodolfo viendo la televisión, sola Marcela en un baño de tina, sola Otilia deseando irse de la ciudad en su automóvil compacto, todos preguntándose porque si había alguien en su vida seguían solos por las noches y las noches se multiplicaban y cada día sabían que vendría una noche más...
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